28 abr. 2014

El portero: La posición más linda y la más ingrata en el campo de juego


Imagen extraída del buscador Google
Él jugó fútbol desde niño. Su afición por este deporte la heredó de su padre. Un día descubrió que deseba ser el guardameta del equipo. Desde aquella ocasión y a pesar de la mala racha, no abandonó el arco jamás.


Hoy dice que si tuviera un hijo varón no lo animaría para que siguiera sus pasos. Él comentó que ser arquero es lo más lindo del fútbol pero siempre será la posición más ingrata en el campo de juego.

Todavía admira la capacidad de atajar de muchos goleros y se siente feliz de ser parte del fútbol y de ocupar esa posición, sin embargo, según sus palabras "no quisiera que un hijo mío se pare dentro de las 18 yardas y se convierta en uno más de los nuestros, los arqueros. Quisiera verlo gritar goles, festejarlos y alegrarme con él, aunque siempre voy a tener una opinión del pobre arquero que recibió el gol".

Cuando un arquero tapa las opciones de gol más contundentes, es elogiado. Pero basta una mala acción que favorece al marcador del contrario, y la figura de este personaje es aborrecida por completo, al olvidar el éxito alcanzado.

"Un arquero solo tiene una oportunidad", esta frase resume su trayectoria por el fútbol. En caso de fallar en su debút, deberán pasar días, semanas y hasta meses para que sea nuevamente convocado. 

Club LDU
Las glorias que alcanzó fueron muchas. Entre sus experiencias se encuentran su paso por equipos locales y nacionales (LDU, Deportivo Quito y U. Católica). Siempre como arquero.

Él dijo también que el fútbol le ayudó a formar su carácter. A través de este deporte se disciplinó y valoró aún más la paciencia y la puntualidad. De igual manera, en algunas ocasiones, tuvo que saber cuándo callar y cuándo no. Fue recompensado y escuchado. Supo ser líder, campeón y perderor. En el arco forjó sus mejores amistades y ejemplos de vida.

Nunca tuvo enemigos, siempre intentó ser amigo. Gritos en la cancha y camerinos, llantos, carcajas, bailes, amores... todo aquello vivió en la mejor época del ser humano, su adolescencia. No se arrepiente de nada.   

Aún sonríe cuando habla sobre aquella prueba en Liga Deportiva Universitaria (LDU), en la ciudad de Quito. Sus habilidades fueron especiales, estas le permitieron ingresar al club y vivir sus mejores años en el mundo del fútbol.

Pero no siempre todo fue alegría. Él, al igual que otros muchachos provincianos, con la misma carga de ilusiones, tuvieron que pasar días malos en la búsqueda de un sueño. Hambre y soledad las más significativas y que marcaron sus vidas. Estos malos tiempos, les permitieron juntarse y crear la mejor de las hermandades.

Su inclinación por hacer del arco un  puesto más alegre es algo que lo identificó, por ello su admiración a Higuita, Chilavert, Rogerio Ceni y otros más arqueros que buscaron y lograron según él -"desquitarse" de lo más triste que a uno le puede pasar, recibir un gol-. Ellos se dieron la forma de hacerlo marcando goles, pero otros como él no pudieron o tuvieron pocas chances para hacerlo, entre ellos están Buffón -su favorito-, Casillas y Córdoba.

Siempre quiso salir jugando con el pie, pedir al defensa que le devuelva el balón, salirse hasta media cancha cuando tenía un córner a favor y hasta pararse cuatro o cinco metros fuera del arco cuando el contrario atacaba, todo un riesgo según la hinchada, GRAN CARÁCTER según muchos monstruos del arco.

Por azares del destino, una lesión frustró sus ganas de alcanzar la utopía mayor: ser parte de la selección nacional de fútbol. Hoy su profesión no es el fútbol sino la Comunicación Social. Es feliz, según lo que comenta, pero jamás dejará de jugar... ¡claro! hasta que Dios le permita hacerlo.  

A continuación una microgalería de su participación en dos equipos:







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