24 ago. 2015

Ser mujer

Imagen de Google
Iniciaré esta entrada con una frase que caló en mí, se trata de un pensamiento del cantante Silvio Rodríguez: "Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida". 

Ser mujer es todo un reto, como el ser humano. La mujer, desde su nacimiento, asume roles... roles que marcan su personalidad y forjan su carácter. 

Cuando eres niña el instinto materno aflora en ti y las muñecas suelen ser tu primera responsabilidad. Ya un poco después, debes ser educada, debes convertirte en una pequeña dama. Muy comportada ante la sociedad. Tu postura debe ser delicada, tu lenguaje muy culto y entre mejor lo haces, más oportunidades tendrás de ser elegida como la mujer de alguien. Todos estos se convertirán en estereotipos a respetar, en piedras que estorban y no te dejan vivir a plenitud. 

La vida es una, las oportunidades limitadas... esa mujer siempre deberá seguir un canon y esas oportunidades se irán acortando y la vida acabando...

El rol de ser madre y mujer a la vez es un tanto difícil pero no imposible. Una madre es para siempre y una mujer ¿también? He aquí un primer debate. Y es que las circunstancias no siempre serán un cóctel de arcoiris. El blanco y negro te plantará dudas... de quién eres, de qué quieres...

La mujer tiene el mismo derecho de elegir y ser elegida. De amar y no amar. De sentirse deseada y de desear. No se frena ninguna acción, por el hecho de provenir de dicha costilla del hombre. La mujer y el hombre son iguales ¿o no? al menos se puede afirmar que tienen algo en común son seres humanos, seres vivos...

Los diferentes roles que una mujer deberá asumir serán el blanco de las críticas de la sociedad, empezando por la familia. Quienes tienen claro el rol principal y la actividad servicial que ella deberá todo el tiempo ejecutar. Todo esto se aprende en la práctica, de las experiencias de la vida, de las decisiones.

Pero qué hay de las mujeres que no se etiquetan, que son una. Que son madres, con plena libertad de renunciar a ser serviciales y solo se encargan de amar. Que son esposas y que tienen la libertad de elegir y de opinar. Qué hay de las amantes, de las hijas... de las no sumisas... de las que levantan su voz no por ser más, solo por ser ellas, ellas en plena libertad de ser.
Imagen de Google

Qué tal si ella no quiere cocinar, arreglar la casa... y solo quiere aprender a ser mejor... pero que ese "ser mejor" no necesariamente implique ser la mejor ama de casa, sino ser una gran profesional, por ejemplo, llena de ideales que aportarán a la sociedad, que contribuirán desde diferentes ámbitos. De las mujeres que son estrategas y no del hogar, sino de la vida... y que por lo dicho, no sean etiquetadas... como feministas o rebeldes... o vagas. 

Una mujer puede elegir... elegir hacer el mal, o hacer el bien... hacer las cosas mal o hacerlas bien... equivocarse una y muchas veces. Asumir sus roles de la forma en que ella crea que es lo correcto, apostando siempre por la felicidad de los suyos, por la de ella. Vivir el libre albedrío enmarcado en la responsabilidad de ser una digna hija de nuestro SER superior.

Simplemente la sociedad es una farsa... una burbuja llena de nada, porque todo acaba... desaparece, se desvanece... y a ella, y a los demás, solo le quedarán recuerdos, experiencias, aprendizajes, les quedará el privilegio de haber respirado... de haber vivido.

Ella es libre... libre de pensar y de amar... no importa cuándo, dónde o en qué circunstancias, su libertad siempre irá más allá de simples etiquetas y clasificaciones... navegará, naufragará y arribará en la orilla de la infinidad de sus ideales.